La Tomatina
La Tomatina tiñe de rojo las calles de Buñol

Agosto, último miércoles del mes, el final de las vacaciones se acerca y todos y cada uno de nosotros vemos como, irremisiblemente, el verano va tocando a su fin. Nos resistimos a pensar en el año laboral que se nos viene encima: duras jornadas de trabajo, horas de oficina, volver a soportar al jefe y a los compañeros... Pero aún queda una cita en nuestro calendario veraniego. Una cita que ha pasado de generación en generación y que ha llegado a convertirse en una convocatoria internacional. Una fiesta surrealista que congrega cada año a miles de personas con ganas de pasar el día más apasionante de sus vidas. Un día en el que el entusiasmo y la adrenalina son los protagonistas. Todo irrigado con grandes dosis de buen humor y, como no, con litros y litros de zumo de tomate.

Una historia peculiar

Año 1945, un grupo de jóvenes de Buñol se enzarzan en una pelea que deciden saldar con una batalla campal a base de tomatazos. Los puestos de fruta y verdura de alrededor son saqueados y las autoridades ponen fin al altercado deteniendo a los alborotadores. Cuando todo parecía olvidado, un año más tarde, los mismos muchachos volvieron a las andadas, pero esta vez trajeron los tomates de casa. Las autoridades volvieron a detenerlos. Pero aún así, año tras año, volvería a celebrarse lo que todo el mundo ya llamaba “la tomatina”.

En los 50 el Ayuntamiento del pueblo prohibió la fiesta, aunque la gente seguía congregándose el mismo miércoles de agosto con ganas de divertirse. Eran muchas las detenciones y los participantes eran llevados a la cárcel del pueblo. Los vecinos se opusieron a las detenciones y a base de insistencia lograron poner en libertad a los muchachos. Las peticiones al consistorio para legalizar la fiesta se multiplicaron y las autoridades al final decidieron dar el visto bueno.

Eran años de dictadura donde la permisividad institucional brillaba por su ausencia, aún así las gentes del pueblo y de los pueblos cercanos acudían a la fiesta con los bolsillos llenos de tomates. Alguna que otra personalidad de relevancia fue afectada por los lanzamientos y de nuevo volvió a prohibirse la celebración de la fiesta con sanciones y penas de prisión para los que participaran en ella. Pero en 1957, una manifestación multitudinaria y cargada de buen humor reivindicaba la fiesta. A esta congregación se la denominó “el entierro del tomate”. Dos años más tarde la celebración volvió a permitirse pero con algunas normas.

Uno de los cambios fue la aparición del “palo jabón”, una cucaña que se celebra una hora antes del comienzo de la tomatina, comienzo que pasó a ser anunciado, a partir de ese momento, con una carcasa.

Los Clavarios de San Luís Bertrán, el patrón de Buñol, se hicieron cargo de la celebración a partir de 1975 y aportaron los tomates que hasta ese momento cada asistente traía de sus casas.

A partir de 1980 el Ayuntamiento se preocupó por dar difusión a esta fiesta y se metió de lleno en ella. Los pocos tomates de antaño pasarían a ser toneladas llegadas en camiones. Los participantes comenzaban a acudir de todos los rincones de la Comunidad Valenciana. Pronto se difundiría a nivel nacional pasando a ser la fiesta que ahora conocemos que congrega a cerca de treinta mil personas venidas de todas partes. Una fiesta que ha pasado a tener un atractivo turístico de calado internacional, gracias a aquellos chicos que comenzaron la inocente batalla a mediados del siglo pasado y a sus sucesivas generaciones que lucharon contra las instituciones para poder celebrar algo suyo y que se habían ganado a pulso: una fiesta propia, original y única en el mundo.

La fiesta

La Tomatina se enmarca dentro de la Feria y Fiestas, que son la semana grande de Buñol. El día de celebración es el último miércoles de cada mes en la plaza del pueblo.

Noche previa

Buñol está en plenas fiestas y el ritual de la tomatina toma su forma la noche antes del miércoles. La gente se congrega en el pueblo para coger fuerzas cenando en las numerosas terrazas colocadas para deleite de los visitantes. La noche se prolonga y el punto de reunión es el paseo de San Luis con multitud de puestos de comida y bebida y el recinto de la feria como protagonistas. Son muchos los valientes que no duermen esa noche, están inquietos y nerviosos ante el día que se les avecina, convencidos de que las fuerzas no les flaquearán.

Día D

A las 9 de la mañana, el ayuntamiento de Buñol reparte un tentempié a los más madrugadores, o a los que simplemente, no han dormido.

El punto de reunión es la Plaza del municipio, la gente se va congregando poco a poco y los corazones van latiendo cada vez con más fuerza. La emoción va creciendo por momentos, los cubos de agua de los balcones hacen acto de presencia, la fiesta continua para los insomnes y empieza para los madrugadores. La emoción se palpa en el ambiente.

El palo jabón

Esta tradición surgió en 1959 y consiste en la colocación de un palo de gran altura por el que los asistentes trepan con la única intención de obtener el jamón que allí en lo alto se ubica. El palo está enjabonado por lo que las caídas y las carcajadas están aseguradas. Pero hay un requisito indispensable: hasta que no se alcance el jamón, la tomatina no dará comienzo.

Llega el tomate

La multitud impaciente empieza a reclamar a viva voz al protagonista de la fiesta, el tomate. A las 11 de la mañana aproximadamente suena la carcasa que da comienzo a la fiesta, los camiones van llegando y van descargando las toneladas y toneladas de la preciada hortaliza y la gente enloquece. La batalla está servida. Su duración es de más o menos una hora y cuando el último camión (que suele ser el quinto) abandona la plaza, se oye en todo lo alto el estallido de la carcasa que nos dice que la fiesta ha terminado.

La gente se retira

Una vez finalizada la contienda, los participantes se desprenden de los restos de tomate de sus cuerpos mediante las fuentes del pueblo, la ayuda de los vecinos con mangueras y cubos o visitando el charco de “los peñones”. El pueblo se afana en las tareas de limpieza y en poco más de dos horas todo ha vuelto a la normalidad.

Al año siguiente se repetirá la fiesta y Buñol volverá a convertirse en el centro del mundo de la diversión, la alegría y el entusiasmo.

Consejos básicos

Indicaciones de civismo y convivencia de la fiesta:

No debes entrar botellas ni ningún tipo de objeto que pudiera producir accidentes.

No debes romper camisetas.

Los tomates deben ser aplastados antes de ser lanzados para que no dañen a nadie.

Debes tener cuidado al paso de los camiones.

Al disparo de la segunda carcasa se debe dejar de lanzar tomates.

Texto TM y Ayuntamiento de Buñol

www.bunyol.es

SUBIR