Toledo
Toledo: Vivir para siempre

Hablar de Toledo es hablar de la historia viva de España. Callejear por esta majestuosa ciudad es toparse de bruces con la realidad de antaño, una realidad conservada a base de esfuerzo y entusiasmo por sus gentes. La Castilla de los caballeros andantes y de los juglares, recuerdo de lo que fuimos, marcado a fuego en nuestra memoria colectiva que, con la visita a esta urbe, vuelve a nosotros. Los innumerables relatos de la historia de la capital de la Mancha renacen por sus recovecos. Toledo vive dichosa y pizpireta su presente y, como no, su futuro. Porque vivirá para siempre. Su poder de evocación resulta embriagador y nos sigue inundando todavía, a día de hoy, a orillas del Tajo.

Un poco de historia

Antigua ciudad celtibérica amurallada, fue uno de los más importantes centros de los carpetanos de la época.
En siglo II a.d.C., los romanos reconstruyeron la ciudad y la denominaron Toletum, en la provincia Cartaginense. La ciudad desarrolló una importante industria del hierro que la llevó a acuñar moneda. Los romanos dejaron numerosos vestigios en la faz toledana, entre ellos un imponente acueducto, destruido en su totalidad actualmente.
Tras varios episodios de incursiones bárbaras y conquistas alanas, llegó la victoria de los visigodos durando su reinado hasta la invasión árabe en el 711. Toledo había llegado a ser la capital del reino hispanogodo y el arzobispado, prueba de ello son los Concilios de Toledo.
Durante el dominio árabe se sucedieron múltiples revueltas entre mozárabes y muladíes. Finalmente, Abd al-Rahman III aplastó la endémica rebelión de la ciudad de Toledo (julio de 932), tras un asedio de dos años, sometiéndola al califato cordobés.
El 25 de mayo de 1085, Alfonso VI de León y Castilla entra en Toledo. Tras la conquista de la ciudad, sobrevino el periodo de mayor esplendor de Toledo, de una gran intensidad cultural, social y política. La Escuela de Traductores de Toledo, floreciente durante los siglos XII y XIII, contribuyó al apogeo. Fueron años de numerosas obras de arte civiles y religiosas, las cuales dejaron una importante huella en la ciudad.
Tras la conquista, se toleró la práctica religiosa de las comunidades judía y musulmana, pero esta actitud tolerante no duró mucho tiempo. Los cristianos construyeron la nueva catedral sobre la mezquita mayor, que a su vez se levantaba sobre la antigua catedral visigoda.
A lo largo de toda la Edad Media la ciudad fue creciendo. En esta expansión participó de forma activa la población judía, hasta su expulsión en 1492. Los Reyes Católicos urbanizaron y engrandecieron la ciudad hasta que, a mediados del siglo XVI ya con Carlos V, Toledo se convirtió en una de las capitales del imperio.
Posteriormente, con la decisión de trasladar la corte a Madrid, adoptada por su hijo Felipe II en el año 1563, la ciudad perdió gran parte de su peso político y social.
La constitución de la Real Compañía de Comercio y Fábricas, en 1748, en el marco de renovaciones borbónicas inspiradas por la Ilustración, trajo un breve resurgir de la ciudad, pero a mediados del siglo XVIII estaba nuevamente arruinada y reducida a funciones meramente administrativas no tan dignas como realmente la ciudad merecía.
Al estallar la Guerra Civil española, la ciudad quedó en la zona republicana. En el Alcázar, sede de la Academia de Infantería, se refugió un grupo de sublevados al mando del Coronel Moscardó, que resistió desde el 21 de julio hasta la llegada de las tropas del general Varela (28 de septiembre de 1936). Este episodio, de resonancia mundial, fue ampliamente utilizado por la propaganda franquista. El alcázar, casi completamente destruido en el asedio, fue reconstruido en su totalidad posteriormente. Ya en la historia más reciente, Toledo fue elegida capital de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha en 1981.

Turismo

Una ciudad como Toledo merece, sin duda, callejearla. Son numerosos los monumentos y edificaciones célebres que para el turista son de visita obligada.

Castillo de San Servando: Castillo medieval que se encuentra junto a la ribera del río Tajo y a la Academia de Infantería. Se inició su construcción como monasterio en 1088 en tiempos en los que reinaba Alfonso VI. Después se convirtió en alcázar debido a la amenaza del reino cristiano y a las posibles entradas de los musulmanes por el puente de Alcántara. Con la total expulsión de los musulmanes de la Península Ibérica, la fortaleza fue perdiendo paulatinamente su función de defensa quedando relegada al olvido.

Tras diversos avatares, y bajo peligro de demolición, en 1874 es nombrado Monumento Histórico Artístico Nacional. Hoy, en pleno siglo XXI, el castillo está completamente restaurado y, tras servir sucesivamente como colegio menor, sede de las Cortes de Castilla-La Mancha y residencia universitaria, ahora lo hace como albergue juvenil y lugar de celebración de cursos y conferencias.

Desde el castillo se puede divisar una vista espléndida de la ciudad de Toledo y del Tajo, el río que la bordea, en lo que era la ciudadela medieval.

Catedral. (Gótica, siglo XIII. Transparente de Narciso Tomé, barroco). Sede de la Archidiócesis de Toledo, es una catedral terminada en 1226, en estilo gótico con influencias islámicas. El Maestro Martín, arquitecto que inició el proyecto, planteó una iglesia compuesta por una estructura con cinco naves (naves laterales dobles) y doble girola con siete capillas entre las que hay capillas rectangulares.

Posteriormente el maestro Petrus Petri idea una solución para la planta de la girola, consistente en la división de la misma en planos triangulares y cuadrados.

En la Catedral de Toledo se observan influencias islámicas en los arcos polilobulados y entrelazados y cuenta con unos frescos de Juan Carreño de Miranda.

Se inspira en la de Bourges y consta de cinco naves de alturas escalonadas y una doble girola cubierta por bóvedas divididas en tramos rectangulares y triangulares, nueva solución que facilita la distribución de los empujes con el consiguiente aligeramiento de los contrafuertes, y es una de las mejores aportaciones técnicas de esta catedral. El crucero de una sola nave, no rebasa la anchura de las naves longitudinales. El retablo es obra de Felipe de Borgoña.

Monasterio de San Juan de los Reyes. Fue construido para la orden franciscana por encargo de los Reyes Católicos al arquitecto Juan Guas, como conmemoración de su victoria en la Batalla de Toro (1476). El templo, que se terminó en 1495, corresponde plenamente al tipo isabelino, de una sola nave con capillas-hornacinas entre los contrafuertes y con coro elevado a los pies.

La profusa ornamentación del templo muestra los símbolos de los Reyes Católicos, así como el águila de San Juan y decoración heráldica.

El escultor Egas Cueman colaboró decisivamente en la decoración del conjunto. Las cadenas de la fachada son símbolo de los cristianos liberados en la Reconquista.

Museo-Hospital de Santa Cruz, renacentista, siglo XVI.

Santa María la Blanca. Sinagoga, siglo XII. Estilo mudéjar. Construida en un principio como sinagoga, posteriormente fue convertida en una iglesia católica.

Sinagoga del Tránsito. Fue construida por Samuel ha Leví entre el 1356 y el 1357 en un momento en que se prohibía construir este tipo de templos. Pedro I de Castilla se lo consintió en agradecimiento a la judería toledana por su fidelidad y colaboración en la recuperación de la ciudad tras la ocupación de ésta por sus hermanos bastardos, los Trastámara.

Hospital de Tavera-Museo Duque de Lerma (Renacentista, del siglo XVI, influyó en la traza de El Escorial).

Iglesia de Santiago del Arrabal, mudéjar.
Iglesia de Santo Tomé. (Mudéjar, del siglo XIV, alberga el famoso cuadro El entierro del Conde de Orgaz, de El Greco).

El Cristo de la Luz es la mezquita mejor conservada de las diez que llegaron a existir en la época musulmana en la ciudad. Construida en el 999 y posteriormente ampliada con ábside mudéjar para su conversión en iglesia.

Mezquita de Tornerías, siglo XI.

Alcázar, siglos XVI-XX. Es una fortificación sobre rocas, ubicada en la parte más alta de la ciudad de Toledo, dominando toda la ciudad. En el siglo III fue un palacio romano. Fue restaurado durante el mandato de Alfonso VI y Alfonso X y modificado en 1535. Durante la Guerra Civil fue tomado por el entonces coronel José Moscardó y destruido parcialmente durante el asedio. Posteriormente fue reedificado y actualmente alberga la Biblioteca Autonómica y el Museo del Ejército.

Puerta del Sol (Mudéjar, siglo XIII).

Puerta Nueva de Bisagra (De Alonso de Covarrubias, siglo XVI, sobre base árabe).

Puerta Vieja de Bisagra o Puerta de Alfonso VI.

Puerta del Cambrón, siglo XVI. Puerta de origen musulmán. Su aspecto actual es resultado de la reconstrucción realizada desde 1572 a 1577 en la que se rebautizó como "puerta de Santa Leocadia" al ponerla bajo la advocación de la patrona de Toledo.

San Román (Museo de los Concilios y la cultura visigoda).

Ermita del Cristo de la Vega (Mudéjar, s. XI).

Puente de Alcántara. Se tiene constancia de su construcción en la época romana, en la fundación de Toletum.

Puente de San Martín. Fue construido a cargo del arzobispo don Pedro Tenorio en el s. XIV.

Circo romano: Construido en la segunda mitad del siglo I d.C, se ubicó en la zona Norte de la ciudad.

Otros lugares de interés: Posada de la Hermandad, Puerta del Vado, Teatro de Rojas, Plaza de Zocodover y Convento de Santo Domingo.

Textos TM y GFDL

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